viernes, 12 de septiembre de 2014

LA OTRA HISTORIA DE LOS ESTADOS UNIDOS - Howard Zinn

Primeria edición en inglés en 1980 (Con posteriores ediciones revisadas).
Edición en castellano por Hiru.
Traducción de Toni Struble.
657 páginas.
Es un hecho incuestionable que la Historia oficial está escrita por los vencedores, aquellos que lograron hacerse con el poder y mantenerlo a toda costa. Esta versión de la Historia, como es evidente, estará dispuesta para justificar cuantos abusos, traiciones y violencias han sido necesarios para llevarlos hasta su posición. Es por ello que desentrañar y comprender la Historia, pero trascendiendo su versión oficial, se convierte en tarea vital para toda persona que quiera discernir el presente lo más claramente posible. Ahora, como por ejemplo ocurre en España, cuando tantos abogan por no “remover” el pasado en nombre de no se sabe muy bien que espíritu de reconciliación, se hace imprescindible resistir la tentación de ceder al olvido, pues eso significaría condenar a los vencidos a ser doblemente vencidos, sepultarlos para siempre en su derrota y así, acatando la Historia oficial (y por tanto, aceptando acríticamente el presente), heredaríamos nosotros mismos el papel de vencidos sin haber presentado la más mínima batalla.
 
Howard Zinn escribió su historia alternativa de los Estados Unidos con el espíritu del que no quiere olvidar y se empeña en remover ese pasado que muchos preferirían mantener oculto o cuanto menos tergiversado. Y lo hace como un acto de justicia, porque las consecuencias del pasado no se han mitigado ni han sido superadas, puesto que cada día son sufridas por millones de personas en el presente. Es por ello que su labor de historiador, que no se reduce a lo académico o a la mera divulgación, se convierte en una eficaz herramienta para todo aquel que quiera emprender el análisis crítico de nuestras sociedades actuales. Y teniendo en cuenta la persistente influencia (por activa y por pasiva) que los Estados Unidos han mantenido sobre el resto del mundo en los últimos 250 años esta “otra” historia de los Estados Unidos de Howard Zinn alcanza el máximo interés para los lectores de cualquier nacionalidad.

Partiendo desde este planteamiento el propio Zinn deja claro que su libro es tendencioso. Admite que se trata de “un informe que se inclina en cierta dirección”. No obstante, también afirma que “la montaña de libros de historia bajo la cual nos encontramos se inclina claramente en la otra dirección. Son libros respetuosos -a pie puntillas- con los estados y los hombres de estado y tan irrespetuosos -por su falta de atención- hacia los movimientos populares, que necesitamos alguna clase de fuerza opuesta para no ser aplastados en la sumisión”. En mi opinión esto le honra aun más si cabe, puesto que demuestra una actitud militante y desafiante que se aleja del tono pretendidamente neutro que tantos académicos e intelectuales de todos los campos suelen aplicar en su labor. Zinn dota a su libro de un espíritu crítico y estrictamente documentado, pero deja espacio para su indignación, también para su solidaridad ante muchos de los hechos que narra. Y yendo aun más lejos, se permite ser utópico, proponiendo (aunque a grandes rasgos) algunas de las alternativas posibles que bajo su punto de vista podrían cambiar la sociedad americana.

Así pues, rompiendo con la Historia escrita al servicio de los vencedores, Zinn se centra entonces en el punto de vista de los vencidos. No obstante, este punto de vista diferente no significa necesariamente que se nieguen muchos de los hechos ofrecidos por el discurso oficial, simplemente son expuestos bajo otra luz, desprovistos ahora de ese aura de gloria y justificación del poder que los libros para escolares suelen entrañar y que en esencia ha servido para que generaciones y generaciones de personas interpreten la realidad desde una perspectiva ideológica acorde con el sistema dominante. Ocurre así, por ejemplo, con el mismo inicio del relato: el descubrimiento de América por Cristobal Colón. Lejos de presentar este hecho como una aventura heroica y alentadora para la humanidad, Zinn hace hincapié en el genocidio que supuso para los pobladores americanos originales, demostrando con datos y testimonios hasta que punto la ignorancia, la avaricia y la crueldad fueron los verdaderos motores de un terrible espíritu colonizador que jamás se aplacaría con el transcurso del tiempo y que incluso terminaría por extenderse a otros puntos del globo.

El libro de Zinn, que ha sido titulado en España como La otra historia de los Estados Unidos se llama originalmente A people´s History of the United States, es decir, un balance histórico de los movimientos sociales en los Estados Unidos. Lo cual implica que este libro no es simplemente un lamento por las víctimas, es algo más importante: el retrato de la resistencia de una gran parte de los estadounidenses frente a la injusticia y la violencia de sus gobernantes. Pero, lejos de idealizar al pueblo americano, el texto es también un detallado repaso de hasta que punto éste se ha dividido en numerosas ocasiones entre, por un lado, los que han acatado interesadamente la injusticia estructural, redirigiéndola en su propio beneficio hacia los que aun estaban más abajo que ellos y, por otro lado, los que han preferido solidarizarse y sumarse a la lucha de los más oprimidos, cueste lo que cueste y asumiendo (con mayor o menor fortuna) una unión que superaba distinciones raciales, clasistas o de género.

Articulando la Historia de los Estados Unidos en torno a los individuos, movimientos y organizaciones que de una u otra manera han plantado cara al poder, Zinn establece una panorámica amplia y muy detallada de lo que en esencia ha denominado “una cultura de oposición permanente”, la cual jamás ha dejado de existir en ninguna circunstancia, ni aun cuando la represión era salvaje, como ocurría con los esclavos negros (que no han sido solo las víctimas propiciatorias que siempre nos han mostrado en películas y libros), ni cuando las condiciones de vida habían mejorado de una forma más generalizada y la lucha de clases, el sindicalismo o la denuncia del racismo parecían tener menos sentido. Zinn demuestra con datos y con multitud de testimonios, que bajo la superficie del supuestamente feliz american way of life siempre ha existido una descontento arraigado en una gran parte del pueblo estadounidense, siempre listo para explotar.

Así pues, este libro es un informe cronológico de esa cultura de oposición permanenteque contradice la Historia oficial, lejos de la visión ramplona del pueblo de los Estados Unidos rendido ante los valores del capitalismo, la moral puritana, el patriarcado o las clasificaciones raciales ideadas por los blancos. La mitad del libro está dedicado a la etapa que va desde Colón hasta el fin de la Guerra de Secesión, centrándose mucho en las condiciones de vida de los negros, los indios o las mujeres y documentando de que manera la fundación de los Estados Unidos, comenzando por la propia Declaración de Independencia y la Constitución, fue diseñada para beneficio de unos intereses políticos y económicos que si bien se presentaban al resto del mundo como el ideal para todos los seres humanos eran, en esencia, los del Hombre, Rico, Cristiano y Blanco. De esta manera, el país creció y se alimento sobre unos principios que resultaron calamitosos en primer lugar para los negros y los indios, sobretodo usando el trabajo esclavo de los primeros, negándoles cualquier tipo de derechos sociales, económicos y culturales. Por ello Zinn se maravilla de la capacidad de los negros de crear una tan rica cultura oral bajo unas condiciones de ese tipo, sabiendo transmitirla de una manera marginal pero perenne, especialmente con la música nacida del inmenso sufrimiento sufrido en las plantaciones y ranchos por generaciones y generaciones de esclavos. Por su parte, los indios se vieron casi extinguidos bajo la violencia genocida. Los pocos supervivientes fueron expoliados de sus tierras mediante la traición y el engaño implícitos en tratados gubernamentales (y también en acuerdos privados con empresas o individuos poderosos) ya de por si escandalosamente injustos y que a la larga no se llegaban ni a respetar. Algo que ocurrió en esta primera etapa de los Estados Unidos, pero que aun hoy en día es motivo de litigios de todo tipo, demostrando que los indios americanos siguen sufriendo las consecuencias de un pasado muy presente.

Una vez dejada clara la situación de la que partieron estos dos colectivos, negros e indios, a día de hoy poblaciones minoritarias pero proporcionalmente muy importantes respecto a la población blanca, Zinn hace hincapié en que la mujeres, aun asumiendo las grandes diferencias dentro de cada contexto socio económico, han sido ellas las que han sufrido la mayor opresión. Es decir, si la población negra en general estaba mal (no solo en la época de la esclavitud, también a comienzos del siglo XX, en la posguerra, en los años 60, etc) las mujeres negras se han llevado la peor parte de esas condiciones. Si el proletariado o el campesinado blanco de la revolución industrial no tenía mucho de que presumir a los negros, dadas las terribles condiciones en que vivían, las mujeres dentro de ese colectivo eran las que más sufrían. Incluso en lo que respecta a la burguesía, pequeña o grande, las mujeres eran relegadas a poco más que lujosos maniquíes y maquinas de parir, educadas para ser encantadoras, bellas, siempre decentes, pero sobretodo sumisas y atolondradas. Por ello, Zinn ocupa mucho espacio de su libro para hablar de la lucha de las mujeres por lograr su emancipación y como esta lucha resultó muchas veces un acicate para otras muchas batallas. La implicación de las mujeres en la abolición de la esclavitud, en el pacifismo, en el sindicalismo radical, en el anti-imperialismo, etc., no puede estimarse a la ligera. Aun a costa de ver sus propias metas subordinadas a un segundo nivel, el coraje, la generosidad y el sacrificio de muchas mujeres fueron imprescindibles para la infinidad de luchas del pueblo americano contra el poder. Por lo demás, Zinn se esfuerza a lo largo de todo su libro por dar protagonismo a muchas personas anónimas, hombres y mujeres, rescatando del olvido sus testimonios, citando sus palabras textualmente de diarios personales, actas de asambleas, taquigrafías judiciales, artículos de publicaciones minoritarias, entrevistas, etc. Por lo que esta “otra” historia de los Estados Unidos se articula sobre la participación activa y directa de los individuos, nunca sobre la propaganda, el programa y las consignas de tal o cual organización. De hecho, Zinn deja ver un claro deje libertario haciendo hincapié en todas las ocasiones que la lucha de los oprimidos se ha efectuado aun en contra de sus propios líderes y como la mayoría de los verdaderos avances se han logrado con la acción directa y la auto organización de las bases sociales, sin necesidad de la participación de mediadores de ningún tipo.

Sin embargo, la radicalidad de Zinn no le impide lanzar algunas tesis que podríamos considerar más bien moderadas. Por ejemplo, aprovecha los capítulos finales para hacer un llamamiento a la llamada clase media (a día de hoy amenazada y en vías de extinción, como era previsible, junto al “Estado de bienestar” que supuestamente nos iba a traer el capitalismo) para que deje de ser una especie de escudo entre la rabia de los que verdaderamente sienten el peso de la opresión (los obreros, los parados, los negros, etc) y la casta superior capitalista. Yo personalmente no entiendo de que manera podría la clase media ayudar a cambiar este sistema de forma profunda. Si de lo que hablamos es de promover unas meras reformas que por fuerza serían parciales y temporales y que en consecuencias no supondrían una verdadera transformación creo que Zinn peca aquí de iluso. Aun así, el debate está ahí y nadie en política tiene en principio la verdad absoluta, pues ésta solo se construye a base de acción y no de mera teoría. Si la clase trabajadora se mantiene o no como el Sujeto Revolucionario de las teorías radicales de antaño es algo aun a comprobar, pero dudo mucho de que la clase media, situada en una posición clave en la administración del actual sistema pueda hacer mucho por cambiar las cosas “desde dentro”. El fin del capitalismo no se podría sustentar en las buenas intenciones del sector progresista de la clase media. Pero bueno, como decíamos antes, ahí queda el debate, el cual podría ser fructuoso o no.

En todo caso, al margen de las reticencias que algunas partes del texto de Zinn pueda provocarnos (depende de cada lector), el valor de este libro es inmenso. Especialmente, al menos bajo mi punto de vista, por la profunda sensación de duda que introduce en el lector respecto a la realidad sociopolítica de una nación como Estados Unidos. Todos los estados fundamentan su existencia en el mito, en una imprescindible relación entre sus instituciones de poder y el imaginario de sus ciudadanos, solo así, arraigando e interiorizando la sensación de veracidad de algo que en realidad no existe se logra la estructura de un poder que no podría ser posible solo mediante la violencia física y la extorsión. Pero en el caso de Estados Unidos esta relación imaginaria se ha llevado hasta límites inauditos, hasta un punto en que ha transcendido sus fronteras y ha logrado inseminarse en el resto del planeta. El mito americano, que es el de la libertad, el de la modernidad, el de la tecnología, el de la democracia y muy especialmente el del capitalismo y las oportunidades que éste aporta para todos sin límites raciales o sociales de ningún tipo, ha conseguido colonizarnos hasta un punto que a veces ni nosotros mismos sospechamos. Pero, aun siendo un mito en toda regla, para llegar a él ha sido necesaria tal dosis de violencia y criminalidad gubernamental que por fuerza ha arrastrado tras de si una tangible realidad sangrienta y dolorosa imposible de ocultar y olvidar. Toda esa ideología patriotera, moralista y guiada los principios del mercado y las corporaciones, sostenida en el símbolo de una bandera común a 50 estados unidos de forma artificial y a costa de la esclavitud y el genocidio de millones de personas, mantenida a fuerza de una economía de guerra permanente alimentada con invasiones, expolios y todo tipo de tropelías en lo que respecta a la política exterior, ha creado por fuerza una esquizofrenia incurable en el pueblo americano, la sensación simultanea de ser verdugos y víctimas de un sistema esencialmente delictivo, irracional y que en ultima instancia resulta autodestructivo.

Con este libro Howard Zinn nos ha ofrecido un excelente espejo donde mirarnos, siendo como somos parte residual del mito americano, aunque, por supuesto, estemos condicionados por las miserias y desgracias proporcionadas durante tanto tiempo por nuestros propios poderosos. Pero, esencialmente, la crítica a Estados Unidos es la crítica del Estado capitalista que devora y asesina a su pueblo (y por extensión a todo el que se ponga en su punto de mira), por tanto mirarnos en el espejo de esa crítica supone asumir que el capitalismo es igual para todos. Dudar y renegar del mito capitalista, de la libertad tal y como es planteada desde ese mito, es dudar de las bases de nuestra propia realidad social y cultural, pero sobretodo es provocar el deseo de otra realidad. Así pues, si nuestra relación con el mundo y la sociedad se articula en el mito quizás sea el momento de aprender que nuestra imaginación es lo suficientemente amplia como para aceptar únicamente una invención tan terrible y destructiva como ha resultado ser el capitalismo. Si el libro de Zinn contiene alguna prístina moraleja puede que sea ésta: no dejemos que los poderosos imaginen (y hagan realidad) el mundo por nosotros, construyamos la Historia desde otras bases. 

Reseña de Antonio Ramírez.

lunes, 2 de junio de 2014

EL ALMA DE GARDEL - Mario Levrero

Edición original en 1996. Reeditado por Mondadori Argentina en 2011.
119 páginas.


Mario levrero (Jorge Mario Varlotta Levrero 1940 -2004) es de esos escritores sudamericanos que por razones no muy claras ha sido publicado en España de una manera muy dispersa y desordenada. Hasta hace poco su obra era relativamente desconocida en nuestro país, pero a partir de la década pasada han ido cayendo ediciones de sus libros más importantes, tales como la póstuma La novela luminosa, El discurso vacío o la denominada Trilogía Involuntaria, formada ésta por las novelas La ciudad, El lugar y París. Aun así, pese a esta intermitente presencia en las librerías españolas, señal de que algo, por poco que sea, deben vender, sus libros pasan a veces por un proceso extraño, ya que Mondadori Argentina va publicando cosas inéditas o reeditando algunas de sus obras ya agotadas, pero su hermana española (u otras editoriales relacionadas con el mismo grupo empresarial) suele ir muy descompasada y tarda incluso años en sacarlos en nuestro país. Así ha ocurrido con esta novela corta que reseñamos aquí, El alma de Gardel, de la cual solo es posible encontrar por el momento algunos ejemplares llegados de importación o, si no hay más remedio, mediante la versión en ebook.

Me sería imposible catalogar a Levrero de una forma demasiado cerrada, pues este autor uruguayo desgranó a través de su obra una serie de "reencarnaciones" literarias que hacen que no podamos definirlo de una única manera. Aun así, es posible trazar una línea evolutiva que si bien no logra encorsetarlo en un género concreto al menos sí nos da una retrospectiva más o menos gráfica de sus movimientos. Así pues, existe un primer Levrero, el autor de relatos y novelas de corte experimental. Su campo es lo onírico, lo fantástico, lo absurdo, siempre dotado de una oscura atmósfera existencialista que lo emparenta con otros escritores como Kafka, E.T.A. Hoffman, Dino Buzzati y Horacio Quiroga sin hacer por ello una comparación estricta, por supuesto, ya que Levrero, al igual que los citados, construyeron un universo creativo muy propio. Asimismo, nos encontramos que Levrero fue también un escritor humorístico que hizo sátira del género negro (del que era un lector fanático incombustible) mediante novelas llenas de espíritu folletinesco y muy pasadas de rosca, con asesinatos, traiciones retorcidas, sexo aberrante y personajes melodramáticos y extraños. Un ejemplo de ello son las novelas La banda del ciempiés y Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo. Y por último, ya en su etapa final, nuestro escritor cultivó un estilo que más que autobiográfico podríamos definir como confesional, pues se trata de libros repletos de un auto análisis que no deja de lado nada, sin importar el grado de intimidad que eso signifique. De esta manera, en obras como El discurso vacío o la sencillamente genial La novela luminosa, nos habla sin pudor de su día a día, de sus deseos y frustraciones, de sus muchos miedos y debilidades, pero también compartiendo sus lúcidas reflexiones en torno a mil cosas diferentes, describiendo con un detallismo fabuloso pequeñeces que pasarían desapercibidas a cualquier otro y, sobretodo, señalando algunos fogonazos de eso que podríamos llamar la magia cotidiana, revelando con sus palabras una profundidad en lo real que trasciende la mera objetividad para llegar a la poeticidad más deslumbrante. Por ello no podríamos calificar esta etapa final de su obra como "realista" en el sentido estricto, ya que su medio de expresión es el subjetivismo llevado a un grado pocas veces visto, a tal punto que bajo su mirada entramos en una especie de fenomenología de la memoria, de la percepción, del lenguaje, del erotismo o de la simple y pura revisión de eso que a grandes rasgos llamamos realidad, siempre de una manera que pocos escritores han intentado.


En este contexto, El alma de Gardel es una rara avis en su trayectoria creativa, pues mezcla a partes iguales su primeriza tendencia experimental con su estilo autobiográfico más tardío. Así, nos encontramos que desde una propuesta inicial de corte fantástico, con extraterrestres incluidos, Levrero avanza por el libro a trompicones narrativos, mediantes recuerdos, situaciones a medio camino de la vigilia y el sueño, exhaustivas descripciones de objetos y hechos en apariencia anodinos, yendo y viniendo a través de una trama que nunca llega a estar definida del todo. Pero, que no se deduzca de ésto que el libro es confuso o difícil de seguir, todo lo contrario, por mucho que la historia quede relegada a poco más que un esbozo narrativo, eso no evita que podamos apreciarla por si misma: el cantante Carlos Gardel era en realidad una entidad extraterrestre llegada a la tierra con la misión de servir de avanzadilla a una invasión, sin embargo, traicionando a sus superiores éste decidió ayudar a la especie humana con sus poderes para hacerla evolucionar espiritualmente. Mientras tanto, otras entidades han ido llegando para contrarrestar la influencia de Gardel. El narrador, contactado por Gardel mediante la forma de una especie de fantasma, se encuentra de improviso implicado en esta guerra secreta. 

Pero, en todo caso, sea esta premisa atrayente o no, Levrero logra que sacrifiquemos nuestra natural necesidad de un hilo conductor haciendo que nos olvidemos de que estamos leyendo una ficción para centrar nuestra atención en los avatares de su narrador, él mismo, quedando patente que la trama fantástica no es más que una mera estrategia literaria para contarnos sus aventuras y desventuras personales. O quizás no sea así del todo, porque, como el propio Levrero nos indica, la memoria, la mentira y la literatura se hayan unidas de una forma indisoluble. Así que el resultado es un libro repleto de estratos y posibles lecturas: lo totalmente ficticio, lo totalmente biográfico, lo que ha sido alterado intencionadamente y aquello deformado por la memoria defectuosa o la acción encubierta del subconsciente, todo se mezcla en El alma de Gardel, a veces de forma totalmente abierta, permitiéndose su autor varias reflexiones en torno la veracidad o no de lo que estamos leyendo, ya sea a causa de  la falibilidad de la memoria o por el simple engaño que según él está implícito en todo texto autobiográfico o incluso histórico. Así que, con un tono a veces ácido, otra veces melancólico, otras abiertamente auto condescendiente, Levrero nos habla sobre situaciones cotidianas, como por ejemplo sus viajes en autobús o metro, lo que le sirve para detallar sus fobias sociales, sus fantasías sexuales u otros asuntos relacionados con la gente que se encuentra. También dedica muchas páginas a explorar recuerdos de algunas de las mujeres que han pasado por su vida, entrando incluso en algunos detalles de sus fisonomías, sus actitudes sexuales o el carácter sentimental de su relación.

Este caleidoscopio literario que resulta ser El alma de Gardel permite a su autor introducirnos en un estado muy especial de consciencia respecto a la escritura, pero también respecto a la propia experiencia de la realidad. Poniendo en evidencia la interacción entre el lenguaje, la memoria y la percepción, Levrero se sitúa en la tradición de escritores como James Ballard, William Burroughs o Philip K Dick, todos ellos empeñados en inseminar en sus lectores el virus de la duda y el cuestionamiento de los resortes de la identidad o de nuestra forma de percibir el mundo. En el caso del tercer citado, Dick, Levrero mantiene una relación directa con él, tal y como confiesa en algunos pasajes de su último libro publicado (póstumo, de hecho), La novela luminosa. Su admiración por Dick era grande y no es difícil rastrear su influencia en las partes más fantásticas de la novelita que reseñamos, pues todo eso de extraterrestres que contactan con humanos y comunican información de forma directa a sus cerebros, así como cierto halo gnóstico en cuanto a las batallas sobrenaturales por el control de la Tierra, nos retrotraen inevitablemente a novelas como Valis, La invasión secreta o Radio Libre Albemuth. Y, aunque Levrero no dedica muchas páginas a desarrollar esta parte del libro se agredece este tipo de tributos, puesto que siempre es grato encontrar corrientes de afinidad entre autores tan especiales. Sin embargo, como decíamos antes, esta parte más ficcional no logra ni de lejos prevalecer sobre el resto del libro y por lo que a mi respecta no veo que ambas tendencias (la fantástica y la no fantástica) se fusionen en ningún momento de la novela, casi podría decirse que Levrero cogió dos textos totalmente diferentes y los entrecruzó en dos tramas paralelas, salvo por un final sorpresivo y francamente alucinatorio donde termina por unirse todo.

En suma, no puedo más que recomendar este libro de Mario Levrero, como igualmente hago con la práctica totalidad de su obra. En breve reseñaré también Irrupciones, una recopilación de sus colaboraciones periodísticas que según he leído por ahí contienen algunas de sus mejores piezas. Queda por señalar e insistir en la necesidad de que se edite en España no solo esta novela, sino también otras como Diario de un canalla o Fauna / Desplazamientos y sobretodo una buena recopilación de sus mejores (o todos juntos, porque no) relatos cortos. Esperemos que no tardemos mucho tiempo en verlo.

Reseña de Antonio Ramírez


domingo, 6 de abril de 2014

EL PEQUEÑO SALVAJE - T. C. Boyle


Edición original en inglés en 2010
Publicado en castellano por Impedimenta en 2012.
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas.
122 páginas.


Sinopsis:

A finales del siglo XVIII es encontrado un niño en un bosque de la zona de L'Aveyron (Francia). Su estado es similar al de los animales y pronto se convierte en un caso célebre en toda Francia. Tras pasar por varias instituciones su cuidado recae en Jean Itard, un joven médico empeñado a devolver a Victor (así decide llamar al niño) al seno de la sociedad humana.

Comentario del libro:

Con este libro nos adentramos en un mito muy recurrente de la edad moderna: el del niño criado al margen de cualquier tipo de civilización. Con antecedentes clásicos como Rómulo o Remo, los tradicionales fundadores de Roma que según la leyenda fueron amamantados por una loba; posteriormente, ya en la época de la Ilustración, el mito se desarrolló a través de la teoría del "buen salvaje" de Jean-Jacques Rousseau (en contraposición a las ideas mucho más pesimistas en torno a la humanidad de Thomas Hobbes); llegando así hasta el siglo XIX y comienzos del XX a través de ficciones de enorme calado en la cultura popular. Así, desde Mowgli, el protagonista de El libro de la selva de Kipling y aun más con Tarzán de los monos, el célebre personaje creado por Edgar Rice Burroughs, la sociedad moderna ha sentido evidente fascinación ante la idea de un ser humano liberado de todas las convenciones, tabúes y reglas establecidas por la cultura a lo largo de los siglos. Más allá de una mera posición etnocentrista (empeñada en demostrar la supuesta superioridad de la civilización occidental en comparación de aquellas que durante tanto tiempo han sido consideradas como primitivas) estas invenciones rebelan una especie de deseo oculto en el centro del mundo contemporáneo: el surgimiento de un ser humano libre de cualquier tipo de condicionantes morales y culturales, el antagonista absoluto de una sociedad de individuos domesticados y faltos de verdadera vitalidad.
No obstante, en el caso de El pequeño salvaje estamos ante una historia verdadera que no se adapta al romanticismo o la transgresión que rodea a este tipo de ficción, siendo uno de los pocos casos reales de un niño criado en el bosque y sin contacto con otros seres humanos. Aunque a la larga haya sido cuestionado desde muchos puntos de vista, este hecho, ocurrido entre los siglos XVIII y XIX y documentado por los diarios del médico y pedagogo Jean Itard, ha servido de inspiración para infinidad de estudios científicos, así como para la famosísima película de  François Truffaut.
Está claro que Boyle toma como punto de partida la película de Truffaut, de hecho es muy difícil leer esta novela sin tener sus imágenes en la cabeza, por lo tanto es más que aconsejable tomar el libro sin tener fresco su visionado. Pero, en todo caso, ahí donde Truffaut opta por la delicadeza o la poeticidad, Boyle prefiere ser mucho más directo y descarnado, dejando a un lado cualquier señal de sensiblería y asumiendo la narración (muy breve y concisa) casi como un texto estrictamente documental e incluso periodístico. Y aun así, habría que señalar la exquisitez de su prosa, su riqueza expresiva y un cierto aire socarrón que sabe impregnar a la trama y que sin llegar directamente al humor sitúa al lector en el límite de lo irónico, sobretodo en lo que respecta a los personajes que rodean a Víctor, ese niño salvaje que de la noche a la mañana vio cambiar el bosque y los cielos abiertos por los muros de las diferentes instituciones que pretendían estudiarlo o corregirlo.
Es inevitable comparar la historia de Víctor con la de otro niño salvaje famoso, muy cercano en el tiempo además: Gaspar Hauser. A diferencia del protagonista de El pequeño salvaje, Hauser estuvo mantenido en total aislamiento desde su más tierna infancia hasta el momento de su misteriosa liberación, pero disfrutó de un mínimo de contacto humano con quien le proveía de alimentos durante su encierro, quien presumiblemente le enseño algunas cosas, como por ejemplo andar. Pronto se demostró que sus limitaciones físicas y psíquicas eran superables con una paciente labor de aprendizaje, hasta el punto de aprender a hablar, escribir, tocar el piano y relacionarse perfectamente en sociedad. Contrariamente, en el caso de Víctor este aprendizaje se rebeló como una tarea prácticamente imposible. Esta circunstancia ha servido para especular sobre si el niño, además de criarse sin contacto humano, podría haber sufrido algún tipo de discapacidad. Es decir, que al margen de haberse saltado las primeras fases de aprendizaje en compañía de sus congéneres, lo cual complicaría mucho el desarrollo normal del habla, de los sentidos o de las habilidades motrices elementales y tan interdependientes de un adecuado desarrollo tanto neurológico como afectivo y psicológico, era muy posible que sufriera algún tipo de defecto cerebral congénito, lo cual quedaría patente en las enormes dificultades que Víctor tuvo durante toda su vida para dominar habilidades fáciles para un niño de corta edad. En todo caso, esta incapacidad fue un motivo de desánimo constante para sus cuidadores, los cuales, unos detrás de otros, intentaron demostrar sin éxito que Víctor era proclive a ser insertado de nuevo en la sociedad. El más tenaz, con diferencia, fue el joven medico y pedagogo Jean Itard, especialista en sordomudos, cuya tozudez por ayudar a Víctor a manejarse en el lenguaje rudimental le supuso sacrificar muchos años de su carrera. Boyle retrata a Itard como un científico ambicioso y deseoso de popularidad entre sus colegas y la buena sociedad, que ve en Víctor (cuyo caso se había hecho muy conocido en toda Francia) una oportunidad única para ascender profesional y socialmente. Aun así, tampoco procura mostrar a Itard como un científico falto de escrúpulos o sensibilidad para con su pupilo, pero sí deja claro como su frustración por lograr resultados importantes, asumiéndolo como un fracaso profesional, le suele llevar al borde del maltrato. 




En contraposición al punto de vista civilizado de sus cuidadores están los breves apuntes subjetivos desde la perspectiva del propio Víctor. Estos pasajes, que me aventuraría a definir como los más interesantes del libro, nos muestran un ser absolutamente elemental, únicamente movido por impulsos primarios como el hambre, el frío o el miedo. A medida que su aprendizaje entre otras personas avanza a duras penas, su perspectiva se va ampliando algo, pero nunca demasiado. Por ello es interesante señalar el hincapié que Boyle hace en algunos aspectos de la evolución de Víctor y que en otras versiones anteriores de esta historia son meramente insinuados o directamente ocultados, es el caso de la entrada en la pubertad y el surgimiento de la plena sexualidad, que el muchacho vive con confusión, pero también con una deshinibición que repugna y escandaliza a los que le rodean (recordemos que la historia transcurre a comienzos del siglo XIX). La frustración de sus educadores, la preocupación por no lograr encajarlo en las reglas establecidas o la más elemental capacidad de comunicación contrasta con la desmoralizante impasividad de Víctor, el cual es capaz de sumirse en la más total inactividad si encuentra sus necesidades más primarias cubiertas. Sin embargo, si bien su felicidad parece fácil de conseguirse, no podemos dejar de sentir una tristeza incalificable al ver a otro ser humano reducido a un nivel tan sumamente falto de matices (o quizás sea que no lleguemos a comprender como es posible vivir de esa manera).
En suma, se trata de una novela libre de toda la paja melodramática posible, pero que pese a su brevedad suscita varias preguntas interesantes: ¿Qué nos hace ser seres humanos? ¿Hasta que punto dependemos de los demás para desarrollarnos plenamente? Nos lleva a reflexionar que no somos nada sin esa esfera tan personal como colectiva que trasciende la carne y que está formada por estructuras complejas como son el lenguaje y nuestra capacidad de conocimiento e interpretación del mundo (no solo científico, también analógico, intuitivo, ético, imaginario, etc), las cuales han terminado por mantenerse y asentarse intersubjetivamente de una manera casi tan autónoma que escapa a todos los intentos de reducionismo. Víctor es un ejemplo de que hemos evolucionado para ser seres poliédricos, productores a la vez que dependientes de una intrincada red de significados retroalimentados por la experiencia colectiva y cotidiana, por las emociones, por lo simbólico, por el cuestionamiento ético y moral, por lo histórico y social, todos ellos aspectos imprescindibles para llegar a desarrollar unas capacidades intrínsecas del ser humano que si bien parecen venir "de serie" no son nada por si mismas.

Reseña de Antonio Ramírez.

lunes, 20 de enero de 2014

EL HOSPITAL DE LA TRANSFIGURACIÓN - Stanislaw Lem


Edición original en polaco en 1955.
Publicado en castellano por Impedimenta en 2008.
Traducción de Joanna Bardzinska
330 páginas.

 Sinopsis.

Los nazis acaban de invadir Polonia y el joven médico Stefan Trzyniecki entra a formar parte de la plantilla de un sanatorio para enfermos mentales. Poco a poco la situación que afronta el país comenzará a sentirse dentro de los muros de la institución.

Comentario del libro.

Tras leer esta novela me he puesto a cavilar que hubiera sido de la carrera literaria de Lem si no se hubiera centrado en la ciencia ficción. Evidentemente, el hecho que se dedicara al género no es algo que me disguste, ni mucho menos, como aficionado me alegro inmensamente de que una mente portentosa como la suya haya parido libros imprescindibles como Solaris o La voz de su amo, por citar solo dos. Sin embargo, es interesante preguntarse qué libros de carácter realista hubiera escrito con toda esa agudeza, esa impresionante capacidad de especulación, ese gusto por ahondar en los problemas filosóficos que tan magistralmente aplicó en la ciencia ficción. No obstante, pese a escribir sobre naves espaciales, mundos extraterrestres, robots y toda la parafernalia que queramos del género, opino que en realidad nunca dejó de escribir sobre esa parte de la existencia real, a veces olvidada o quizás oculta por los mecanismos de lo cotidiano, donde lo prosaico y lo doméstico pierden pie, como pueden ser el ansia de absoluto o el de la incapacidad humana frente a lo desconocido, o quizás, como ocurre en esta novela, allí donde la ética más básica es substituida por el abismo nihilista. Así pues, con todas sus licencias, el género le sirvió como un vehículo metafórico perfecto para estas preocupaciones filosóficas y quizás es por ello que su ciencia ficción tiene en el fondo tan poco de científico, porque sus personajes siempre suelen enfrentarse a situaciones donde la tecnología y el razonamiento científico tienen poco que aportar, quedándose siempre a expensas de la intuición, la especulación o el mero azar.

El hospital de la transfiguración fue precisamente la causa de que Lem se alejara de la novela realista para caer en los brazos de la ciencia ficción. A causa de la fulminante censura que cayó sobre el libro, considerado decadente y contrarrevolucionario, el autor fue expulsado de la Asociación de Literatos de Polonia (curiosamente treinta años después también sería expulsado de la Asociación Americana de Escritores de Ciencia-Ficción, también por ejercer la libertad de expresión al criticar el estado tan mercantilizado del genero en ese momento). Tras mil avatares la novela fue publicada, pero ocho años después de su terminación. Mientras, Lem se encontró en una situación desesperada, sin la carrera de medicina concluida, sin ser reconocido por el régimen comunista como un escritor decente, decide aceptar la invitación de la editorial Czytelnik para escribir libros de ciencia ficción, con ello encontraba al menos una forma de ganarse la vida. Por cierto, hay que señalar que existen dos libros más que continúan la historia narrada en El hospital de la transfiguración, al parecer reconduciendo la trama hacia la linea oficial del “partido”, pero ambos fueron repudiados por el autor (nunca han sido reeditados) al considerar que los escribió coaccionado.

Leyendo la contraportada que le ha puesto la Editorial Impedimenta, uno puede pensar que está ante una novela muy dinámica, algo así como una especie de thriller bélico, pero nada más lejos de la realidad. Ya desde la primerísima página el carácter de Stefan Trzyniecki, su protagonista, nos avisa de por dónde va la cosa: extravío, melancolía, confusión, indecisión, son sentimientos que de alguna manera envuelven al resto de personajes y la propia historia que vamos a leer. Hay como un cierto halo onírico o enrarecido en todo lo que le ocurre a Trzyniecki, el cual pienso que puede calificarse adecuadamente como kafkiano. Algo que es amplificado por el propio contexto en que transcurre la novela: una Polonia recién invadida por los nazis donde se suceden los rumores de desapariciones, de campos de concentración, de poblaciones enteras eliminadas: la nación polaca se enfrenta la evaporación de su existencia como tal. Stefan Trzyniecki, filósofo de corazón, pero médico de profesión, entra (por puro azar, pues no está especializado en psiquiatría) como empleado en un sanatorio mental situado a las afueras de la pequeña ciudad de donde procede su familia. Como una especie de isla en mitad de un mar caótico, la vida en el manicomio se rige por unas reglas precisas. A duras penas, pacientes y sanadores consiguen cumplir con su rol mientras el orden de las cosas se va diluyendo a su alrededor.


La historia es vista a través de Trzyniecki, pero este resulta casi un mero espectador de hechos con los que mantiene una relación más bien indirecta, por no decir totalmente inconexa (aunque también es verdad que eso va cambiando a medida que transcurre la trama, puesto que a lo largo de ella asistimos a una sutil evolución en su sensibilidad). La escena inicial del libro, con el joven médico asistiendo al funeral de un familiar, es un buen ejemplo. Con una actitud tan cáustica como acongojada respecto a la presencia de tíos, primos, abuelos, Lem aprovecha la ocasión para desplegar un despiadado sentido del humor a través de los ojos de su personaje. Su descripción de la pequeña burguesía rural previa al régimen comunista es realmente divertida, examinando desde la abuela ultra católica hasta el tío librepensador y fanático de la literatura francesa.

Ciertamente, Trzyniecki evoluciona a través de la novela, muy especialmente en lo que respecta a su visión de los enfermos del sanatorio. Desde el auténtico pavor por el estado de los catatónicos o la turbación ante la abierta obscenidad de algunas de las mujeres recluidas, su actitud va transformándose hasta llegar, por ejemplo, a la admiración por el talento escultórico o la capacidad matemática que encuentra entre algunos de los pacientes autistas o la sutil y quebradiza belleza de una muchacha maniaco-compulsiva que siempre se está mirando en los espejos. Pero, sin duda, lo que realmente marca el devenir del personaje es su relación con Sekulowski, un eminente poeta que está recuperándose de la adicción a las drogas y otros abusos. Entre el protagonista y el poeta se establece una relación intelectual que se traduce en tortuosas conversaciones. Lem aprovecha así para poner en boca de Sekulowski (pues más que conversaciones se trata de monólogos) largas peroratas sobre la literatura, la filosofía, la religión, la política y mil cosas más que, entre otras cosas, desvelan el carácter soberbio del personaje, el cual se cree un genio. En el fondo, todos estos párrafos sirven a Lem para lanzar verdaderas arremetidas contra la crítica literaria de su época, la casta de los escritores, algunos hechos de la historia de Polonia, etc., etc.

En fin, son muchas más las cosas que podrían reseñarse de esta novela, como la descripción de los colegas de Trzyniecki: desde el afamado y digno decano que se aloja en el sanatorio tras haber sido expulsado por los nazis de su cátedra en Varsovia, pasando por el psiquiatra empeñado en demostrar una teoría absurda (pero francamente ingeniosa) que él ha llamado “nostalgia por la locura”, hasta llegar a la bella pero fría Nosilewska. También podríamos hablar sobre la escena de la estación eléctrica, magnifica en su tensión y misterio. Pero sin duda, lo que da un sentido dramático y moral a esta novela es su último y terrible capítulo, del cual tampoco hablaré demasiado por no chafar una tensión que opino es crucial para apreciar del todo el valor de este libro. 

Así pues, solo queda por decir que recomiendo sin reservas El hospital de la transfiguración, no solo a los seguidores de Lem, sino a cualquiera con ganas de buena literatura.

Y para acabar quisiera señalar una anécdota respecto a Impedimenta. Mi ejemplar de este libro estaba defectuoso (le faltaban algo así como 20 páginas en la mitad), aunque no lo supe hasta meses después de haberlo comprado. Ante la imposibilidad de descambiarlo en la librería por falta del ticket me puse en contacto con la editorial y en pocos días me envió sin coste alguno un nuevo ejemplar. Así que aprovecho esta reseña para agradecer a Impedimenta su rápida atención y de paso felicitarla por las magníficas ediciones que hace. En la repisa de un servidor se acumulan otras lecturas relacionadas con esta editorial, sin duda irán cayendo poco a poco. 

Reseña de Antonio Ramírez