lunes, 13 de octubre de 2014

CLEVELAND - Harvey Pekar y Joseph Remnant


Cleveland es el último comic escrito por Harvey Pekar. Trabajó en él los últimos meses de su vida, pero no llegó a ver el producto de sus esfuerzos, fue publicado dos años después de su muerte.

Hasta cierto punto puede decirse que Cleveland sirve de perfecto colofón a toda su obra, puesto que se trata de una especie de repaso historiográfico de su ciudad natal, escenario casi exclusivo de todos sus comics. Aparte de eso, el volumen también es un compendio en comprimido de muchos de los acontecimientos aparecidos en American Splendor u otros tebeos autobiográficos relacionados (como por ejemplo El derrotista, centrado en su infancia). Así pues, es como si estuviéramos ante un epílogo que calza a la perfección con el resto de su trabajo, aunque seguramente esto no fuera algo planeado, o quizás sí, en todo caso, Pekar, aun sabiendo que su salud era extremadamente delicada (ya había superado el cáncer en dos ocasiones), nos dice en un momento dado de este comic que a sus 70 años aun se mantiene con energías: “… no me siento decrépito ni nada ¿Quién sabe? A lo mejor aguanto un tiempo”. Pero por desgracia no fue así.

Hablar de Harvey Pekar es hacer un punto y aparte con el resto de autores del medio, su trayectoria es prácticamente única en el mundillo del comic. Se hizo amigo de Robert Crumb a comienzos de los 60 cuando éste se mudó a Cleveland para buscar trabajo (terminó en una empresa de postales navideñas). Años después, trasladado ahora a California, Crumb se convirtió en un gurú de los comics underground. Esto inspiró a Pekar, siempre necesitado de dinero, pero sobretodo siendo como era una persona inquieta y creativa, decidió probar por esa vía e invertir en autoeditarse un comic. Su estrategia era dejar a un lado tanto las temáticas más comerciales (superhéroes) como las más extremistas del underground, para abrir una tendencia estrictamente autobiográfica que posteriormente ha sido explotada por generaciones posteriores de autores de comic, sobre todo entre los denominados independientes. Así pues, Pekar tiró de Robert Crumb y de algunos otros dibujantes menos conocidos para lanzar su American Splendor a partir de 1976, una serie más o menos periódica que durante años (hasta 1993) narraría sus vivencias e intimidades de una forma tan meticulosa que llegaría hasta lo confesional. Labrándose poco a poco su lugar en las estanterías de las librerías especializadas de todo el país, American Splendor terminó por convertirse en una obra seminal del comic independiente. Sin duda, que Crumb participara en muchos capítulos de esta serie ayudó a establecer su reputación entre un número considerable de aficionados. Aunque también es cierto que, como dice el propio Pekar en un prólogo para una antología de sus historias (1), Crumb estuviera atravesando una grave crisis profesional en el momento en que inició su colaboración con él, algo que se alargaría hasta el renacimiento del underground americano cuando el mismo lanzó la revista Weirdo a comienzos de los 80. Por si fuera poco, esta fama recuperada de Crumb se incrementaría drásticamente gracias a la gran difusión del documental que Terry Zwigoff hizo sobre su vida y su familia. Sea como fuere, esta segunda edad de oro de Robert Crumb también benefició indirectamente a la promoción de Harvey Pekar. Sin embargo, como ya sabemos, fue hasta el 2003, año en el que se estrenó la película American Splendor (dirigida por Robert Pulcini), que el reconocimiento de su obra no se extendió (relativamente, hablamos de tebeos) al resto del planeta.

Pero volvamos a Cleveland, el objeto principal de esta reseña. Respecto a la parte gráfica, decir que Joseph Remnant hace un trabajo excelente, con un estilo muy trabajado a base de tramas y claroscuros de tinta china. Remnant recuerda mucho a Robert Crumb, para que negarlo, aunque sus dibujos no son tan agresivos y les falta algo del dinamismo del maestro, pero aun así es un gran dibujante. Los paisajes urbanos, con sus edificios, sus automóviles, sus chimeneas y postes de todo tipo, están realizados a la perfección, algo que era crucial en un comic como éste.

En cuanto a la historia en sí, Pekar hace gala en esta novela gráfica de un método bastardo entre la autobiografía y el documentalismo. Al igual que ya hiciera en The Beats (2), su repaso en comic de los principales escritores de la llamada “generación perdida” (Ginsberg, Kerouac, Lamantia, etc), Pekar opta por ir lanzando pequeños apuntes biográficos de muchos de los más afamados pobladores de Cleveland, a la vez que narra la historia de la ciudad (y de sus pobladores anónimos) como si de un personaje más se tratara. El resultado es un amplio fresco donde el urbanismo, la economía, la industria, la política, el deporte, la cultura, etc, se entrecruzan de forma indivisible. Por lo tanto, Pekar asume una actitud que podríamos definir como sociológica a la hora de describir cómo el desarrollo de su ciudad ha condicionado la vida de sus vecinos o la suya propia: la actitud de las clases pudientes, el comportamiento del mercado laboral, los prejuicios raciales, la inmigración, las infraestructuras, los servicios sociales, etc, no son meramente el telón de fondo donde Pekar sitúa los vaivenes de su vida, de hecho le sirven a veces para explicar porque su vida fue así y no de otra manera, tal es el grado de condicionamiento que Pekar concede al contexto geográfico y socioeconómico, en este caso la ciudad de Cleveland. No obstante, aunque en este tebeo se muestren de una forma tan explícita, los intereses sociológicos o políticos de Pekar nunca llegan a convertirse en un lanzamiento de consignas o en una crítica firmemente ideológica, ni mucho menos. Pekar, como ya demostrara en American Splendor, opta por una descripción realista y llana de sus vivencias, de sus ideas, de sus recuerdos, de su visión de Cleveland, siempre mediante anécdotas nada espectaculares pero que a él le sirven para ejemplarizar la vida de la clase trabajadora o media-baja en una ciudad condenada al abandono y la decadencia. Quizás por ello resulta imposible no identificarse con gran parte de lo que nos cuenta, pues Pekar se dirige al lector de tu a tu, sin grandes aspavientos ni melodramas excesivos, abriéndose de tal manera que sus miedos, sus intereses, sus obsesiones, sus pequeños placeres, sus victorias o derrotas, difícilmente resultan incomprensibles para nosotros. Pekar habla de su vida sin mitificarla, pero también sin obviar que todas esas pequeñas anécdotas que nos cuenta forman el conjunto de su particular odisea como ser humano, lo cual no es precisamente poco.


Por lo tanto, frente al aluvión de ficciones que retratan grandes conflictos llevados a escenarios improbables o extremos sin remisión, tan del gusto del mercado mainstream anglosajón, Pekar prefiere tratar sobre el mundo real, sobre el día a día, hablándonos humildemente de los recovecos de una vida condicionada por el sueldo (o la ausencia de él), por el barrio, por las amistades, por la familia, por las frustraciones o logros personales, nada que no podamos ver en nuestras propias vidas. Que cada cual considere el valor que eso pueda tener y acepte o no la poética de lo cotidiano que Pekar nos ofrece, tan grande y a la vez tan modesta. Siempre sin caer en el efectismo mediante el miserabilismo o la sordidez del que suelen beber tantos otros autores pretendidamente realistas, quizás no podremos evitar sentir que sus historias enriquecen la percepción que tenemos del mundo, por mucho que nunca nos hayan sacado de una cotidianeidad a veces incluso exasperante. Su tebeo Cleveland mantiene en todo momento esta filosofía, siendo como es una especie de documental la ciudad que describe se nos muestra desnuda, desprovista de grandes mitos, expuesta a los vientos de la economía y de decisiones caprichosas por parte de los de arriba, llena de gente perdida, insatisfecha, una ciudad, en suma, vulnerable y que refleja y en cierta manera preserva la propia vulnerabilidad de sus habitantes. Y, sin embargo, sin finales felices, pero tampoco sin apocalipsis hiperbólicos, la gente vive su vida como puede. No podremos dejar de sentir en sus páginas esa chispa de resistencia que es la última esperanza, ese deseo de emancipación de los condicionantes que en el propio Pekar se manifestó como un hambre voraz de conocimiento y que en la práctica le llevó a cultivar hasta la obsesión sus múltiples intereses: el jazz, la literatura, el arte, la historia. Lejos de conformarse con ser un modesto funcionario administrativo de la sanidad pública Pekar luchó por vincular su vida a las cosas que más le interesaban, por mucho que tuviera que aprender todo por sí mismo o estuviera fuera de sus posibilidades económicas.

Puede decirse que a la larga lo consiguió. Su obra (que al fin y al cabo es su propia vida conservada en forma de comic) se torna así en algo más que un mero entretenimiento y una lectura más que sumar y archivar en la estantería, pues podemos afirmar que para mucha gente supondrá sobre todo un ejemplo de lucha y resistencia a seguir. 



Reseña de Antonio Ramírez.

(1) Obras completas de R. Crumb. La cúpula. 2004
 

(2) The Beats. 451 Editores. 2011

viernes, 12 de septiembre de 2014

LA OTRA HISTORIA DE LOS ESTADOS UNIDOS - Howard Zinn

Primeria edición en inglés en 1980 (Con posteriores ediciones revisadas).
Edición en castellano por Hiru.
Traducción de Toni Struble.
657 páginas.
Es un hecho incuestionable que la Historia oficial está escrita por los vencedores, aquellos que lograron hacerse con el poder y mantenerlo a toda costa. Esta versión de la Historia, como es evidente, estará dispuesta para justificar cuantos abusos, traiciones y violencias han sido necesarios para llevarlos hasta su posición. Es por ello que desentrañar y comprender la Historia, pero trascendiendo su versión oficial, se convierte en tarea vital para toda persona que quiera discernir el presente lo más claramente posible. Ahora, como por ejemplo ocurre en España, cuando tantos abogan por no “remover” el pasado en nombre de no se sabe muy bien que espíritu de reconciliación, se hace imprescindible resistir la tentación de ceder al olvido, pues eso significaría condenar a los vencidos a ser doblemente vencidos, sepultarlos para siempre en su derrota y así, acatando la Historia oficial (y por tanto, aceptando acríticamente el presente), heredaríamos nosotros mismos el papel de vencidos sin haber presentado la más mínima batalla.
 
Howard Zinn escribió su historia alternativa de los Estados Unidos con el espíritu del que no quiere olvidar y se empeña en remover ese pasado que muchos preferirían mantener oculto o cuanto menos tergiversado. Y lo hace como un acto de justicia, porque las consecuencias del pasado no se han mitigado ni han sido superadas, puesto que cada día son sufridas por millones de personas en el presente. Es por ello que su labor de historiador, que no se reduce a lo académico o a la mera divulgación, se convierte en una eficaz herramienta para todo aquel que quiera emprender el análisis crítico de nuestras sociedades actuales. Y teniendo en cuenta la persistente influencia (por activa y por pasiva) que los Estados Unidos han mantenido sobre el resto del mundo en los últimos 250 años esta “otra” historia de los Estados Unidos de Howard Zinn alcanza el máximo interés para los lectores de cualquier nacionalidad.

Partiendo desde este planteamiento el propio Zinn deja claro que su libro es tendencioso. Admite que se trata de “un informe que se inclina en cierta dirección”. No obstante, también afirma que “la montaña de libros de historia bajo la cual nos encontramos se inclina claramente en la otra dirección. Son libros respetuosos -a pie puntillas- con los estados y los hombres de estado y tan irrespetuosos -por su falta de atención- hacia los movimientos populares, que necesitamos alguna clase de fuerza opuesta para no ser aplastados en la sumisión”. En mi opinión esto le honra aun más si cabe, puesto que demuestra una actitud militante y desafiante que se aleja del tono pretendidamente neutro que tantos académicos e intelectuales de todos los campos suelen aplicar en su labor. Zinn dota a su libro de un espíritu crítico y estrictamente documentado, pero deja espacio para su indignación, también para su solidaridad ante muchos de los hechos que narra. Y yendo aun más lejos, se permite ser utópico, proponiendo (aunque a grandes rasgos) algunas de las alternativas posibles que bajo su punto de vista podrían cambiar la sociedad americana.

Así pues, rompiendo con la Historia escrita al servicio de los vencedores, Zinn se centra entonces en el punto de vista de los vencidos. No obstante, este punto de vista diferente no significa necesariamente que se nieguen muchos de los hechos ofrecidos por el discurso oficial, simplemente son expuestos bajo otra luz, desprovistos ahora de ese aura de gloria y justificación del poder que los libros para escolares suelen entrañar y que en esencia ha servido para que generaciones y generaciones de personas interpreten la realidad desde una perspectiva ideológica acorde con el sistema dominante. Ocurre así, por ejemplo, con el mismo inicio del relato: el descubrimiento de América por Cristobal Colón. Lejos de presentar este hecho como una aventura heroica y alentadora para la humanidad, Zinn hace hincapié en el genocidio que supuso para los pobladores americanos originales, demostrando con datos y testimonios hasta que punto la ignorancia, la avaricia y la crueldad fueron los verdaderos motores de un terrible espíritu colonizador que jamás se aplacaría con el transcurso del tiempo y que incluso terminaría por extenderse a otros puntos del globo.

El libro de Zinn, que ha sido titulado en España como La otra historia de los Estados Unidos se llama originalmente A people´s History of the United States, es decir, un balance histórico de los movimientos sociales en los Estados Unidos. Lo cual implica que este libro no es simplemente un lamento por las víctimas, es algo más importante: el retrato de la resistencia de una gran parte de los estadounidenses frente a la injusticia y la violencia de sus gobernantes. Pero, lejos de idealizar al pueblo americano, el texto es también un detallado repaso de hasta que punto éste se ha dividido en numerosas ocasiones entre, por un lado, los que han acatado interesadamente la injusticia estructural, redirigiéndola en su propio beneficio hacia los que aun estaban más abajo que ellos y, por otro lado, los que han preferido solidarizarse y sumarse a la lucha de los más oprimidos, cueste lo que cueste y asumiendo (con mayor o menor fortuna) una unión que superaba distinciones raciales, clasistas o de género.

Articulando la Historia de los Estados Unidos en torno a los individuos, movimientos y organizaciones que de una u otra manera han plantado cara al poder, Zinn establece una panorámica amplia y muy detallada de lo que en esencia ha denominado “una cultura de oposición permanente”, la cual jamás ha dejado de existir en ninguna circunstancia, ni aun cuando la represión era salvaje, como ocurría con los esclavos negros (que no han sido solo las víctimas propiciatorias que siempre nos han mostrado en películas y libros), ni cuando las condiciones de vida habían mejorado de una forma más generalizada y la lucha de clases, el sindicalismo o la denuncia del racismo parecían tener menos sentido. Zinn demuestra con datos y con multitud de testimonios, que bajo la superficie del supuestamente feliz american way of life siempre ha existido una descontento arraigado en una gran parte del pueblo estadounidense, siempre listo para explotar.

Así pues, este libro es un informe cronológico de esa cultura de oposición permanenteque contradice la Historia oficial, lejos de la visión ramplona del pueblo de los Estados Unidos rendido ante los valores del capitalismo, la moral puritana, el patriarcado o las clasificaciones raciales ideadas por los blancos. La mitad del libro está dedicado a la etapa que va desde Colón hasta el fin de la Guerra de Secesión, centrándose mucho en las condiciones de vida de los negros, los indios o las mujeres y documentando de que manera la fundación de los Estados Unidos, comenzando por la propia Declaración de Independencia y la Constitución, fue diseñada para beneficio de unos intereses políticos y económicos que si bien se presentaban al resto del mundo como el ideal para todos los seres humanos eran, en esencia, los del Hombre, Rico, Cristiano y Blanco. De esta manera, el país creció y se alimento sobre unos principios que resultaron calamitosos en primer lugar para los negros y los indios, sobretodo usando el trabajo esclavo de los primeros, negándoles cualquier tipo de derechos sociales, económicos y culturales. Por ello Zinn se maravilla de la capacidad de los negros de crear una tan rica cultura oral bajo unas condiciones de ese tipo, sabiendo transmitirla de una manera marginal pero perenne, especialmente con la música nacida del inmenso sufrimiento sufrido en las plantaciones y ranchos por generaciones y generaciones de esclavos. Por su parte, los indios se vieron casi extinguidos bajo la violencia genocida. Los pocos supervivientes fueron expoliados de sus tierras mediante la traición y el engaño implícitos en tratados gubernamentales (y también en acuerdos privados con empresas o individuos poderosos) ya de por si escandalosamente injustos y que a la larga no se llegaban ni a respetar. Algo que ocurrió en esta primera etapa de los Estados Unidos, pero que aun hoy en día es motivo de litigios de todo tipo, demostrando que los indios americanos siguen sufriendo las consecuencias de un pasado muy presente.

Una vez dejada clara la situación de la que partieron estos dos colectivos, negros e indios, a día de hoy poblaciones minoritarias pero proporcionalmente muy importantes respecto a la población blanca, Zinn hace hincapié en que la mujeres, aun asumiendo las grandes diferencias dentro de cada contexto socio económico, han sido ellas las que han sufrido la mayor opresión. Es decir, si la población negra en general estaba mal (no solo en la época de la esclavitud, también a comienzos del siglo XX, en la posguerra, en los años 60, etc) las mujeres negras se han llevado la peor parte de esas condiciones. Si el proletariado o el campesinado blanco de la revolución industrial no tenía mucho de que presumir a los negros, dadas las terribles condiciones en que vivían, las mujeres dentro de ese colectivo eran las que más sufrían. Incluso en lo que respecta a la burguesía, pequeña o grande, las mujeres eran relegadas a poco más que lujosos maniquíes y maquinas de parir, educadas para ser encantadoras, bellas, siempre decentes, pero sobretodo sumisas y atolondradas. Por ello, Zinn ocupa mucho espacio de su libro para hablar de la lucha de las mujeres por lograr su emancipación y como esta lucha resultó muchas veces un acicate para otras muchas batallas. La implicación de las mujeres en la abolición de la esclavitud, en el pacifismo, en el sindicalismo radical, en el anti-imperialismo, etc., no puede estimarse a la ligera. Aun a costa de ver sus propias metas subordinadas a un segundo nivel, el coraje, la generosidad y el sacrificio de muchas mujeres fueron imprescindibles para la infinidad de luchas del pueblo americano contra el poder. Por lo demás, Zinn se esfuerza a lo largo de todo su libro por dar protagonismo a muchas personas anónimas, hombres y mujeres, rescatando del olvido sus testimonios, citando sus palabras textualmente de diarios personales, actas de asambleas, taquigrafías judiciales, artículos de publicaciones minoritarias, entrevistas, etc. Por lo que esta “otra” historia de los Estados Unidos se articula sobre la participación activa y directa de los individuos, nunca sobre la propaganda, el programa y las consignas de tal o cual organización. De hecho, Zinn deja ver un claro deje libertario haciendo hincapié en todas las ocasiones que la lucha de los oprimidos se ha efectuado aun en contra de sus propios líderes y como la mayoría de los verdaderos avances se han logrado con la acción directa y la auto organización de las bases sociales, sin necesidad de la participación de mediadores de ningún tipo.

Sin embargo, la radicalidad de Zinn no le impide lanzar algunas tesis que podríamos considerar más bien moderadas. Por ejemplo, aprovecha los capítulos finales para hacer un llamamiento a la llamada clase media (a día de hoy amenazada y en vías de extinción, como era previsible, junto al “Estado de bienestar” que supuestamente nos iba a traer el capitalismo) para que deje de ser una especie de escudo entre la rabia de los que verdaderamente sienten el peso de la opresión (los obreros, los parados, los negros, etc) y la casta superior capitalista. Yo personalmente no entiendo de que manera podría la clase media ayudar a cambiar este sistema de forma profunda. Si de lo que hablamos es de promover unas meras reformas que por fuerza serían parciales y temporales y que en consecuencias no supondrían una verdadera transformación creo que Zinn peca aquí de iluso. Aun así, el debate está ahí y nadie en política tiene en principio la verdad absoluta, pues ésta solo se construye a base de acción y no de mera teoría. Si la clase trabajadora se mantiene o no como el Sujeto Revolucionario de las teorías radicales de antaño es algo aun a comprobar, pero dudo mucho de que la clase media, situada en una posición clave en la administración del actual sistema pueda hacer mucho por cambiar las cosas “desde dentro”. El fin del capitalismo no se podría sustentar en las buenas intenciones del sector progresista de la clase media. Pero bueno, como decíamos antes, ahí queda el debate, el cual podría ser fructuoso o no.

En todo caso, al margen de las reticencias que algunas partes del texto de Zinn pueda provocarnos (depende de cada lector), el valor de este libro es inmenso. Especialmente, al menos bajo mi punto de vista, por la profunda sensación de duda que introduce en el lector respecto a la realidad sociopolítica de una nación como Estados Unidos. Todos los estados fundamentan su existencia en el mito, en una imprescindible relación entre sus instituciones de poder y el imaginario de sus ciudadanos, solo así, arraigando e interiorizando la sensación de veracidad de algo que en realidad no existe se logra la estructura de un poder que no podría ser posible solo mediante la violencia física y la extorsión. Pero en el caso de Estados Unidos esta relación imaginaria se ha llevado hasta límites inauditos, hasta un punto en que ha transcendido sus fronteras y ha logrado inseminarse en el resto del planeta. El mito americano, que es el de la libertad, el de la modernidad, el de la tecnología, el de la democracia y muy especialmente el del capitalismo y las oportunidades que éste aporta para todos sin límites raciales o sociales de ningún tipo, ha conseguido colonizarnos hasta un punto que a veces ni nosotros mismos sospechamos. Pero, aun siendo un mito en toda regla, para llegar a él ha sido necesaria tal dosis de violencia y criminalidad gubernamental que por fuerza ha arrastrado tras de si una tangible realidad sangrienta y dolorosa imposible de ocultar y olvidar. Toda esa ideología patriotera, moralista y guiada los principios del mercado y las corporaciones, sostenida en el símbolo de una bandera común a 50 estados unidos de forma artificial y a costa de la esclavitud y el genocidio de millones de personas, mantenida a fuerza de una economía de guerra permanente alimentada con invasiones, expolios y todo tipo de tropelías en lo que respecta a la política exterior, ha creado por fuerza una esquizofrenia incurable en el pueblo americano, la sensación simultanea de ser verdugos y víctimas de un sistema esencialmente delictivo, irracional y que en ultima instancia resulta autodestructivo.

Con este libro Howard Zinn nos ha ofrecido un excelente espejo donde mirarnos, siendo como somos parte residual del mito americano, aunque, por supuesto, estemos condicionados por las miserias y desgracias proporcionadas durante tanto tiempo por nuestros propios poderosos. Pero, esencialmente, la crítica a Estados Unidos es la crítica del Estado capitalista que devora y asesina a su pueblo (y por extensión a todo el que se ponga en su punto de mira), por tanto mirarnos en el espejo de esa crítica supone asumir que el capitalismo es igual para todos. Dudar y renegar del mito capitalista, de la libertad tal y como es planteada desde ese mito, es dudar de las bases de nuestra propia realidad social y cultural, pero sobretodo es provocar el deseo de otra realidad. Así pues, si nuestra relación con el mundo y la sociedad se articula en el mito quizás sea el momento de aprender que nuestra imaginación es lo suficientemente amplia como para aceptar únicamente una invención tan terrible y destructiva como ha resultado ser el capitalismo. Si el libro de Zinn contiene alguna prístina moraleja puede que sea ésta: no dejemos que los poderosos imaginen (y hagan realidad) el mundo por nosotros, construyamos la Historia desde otras bases. 

Reseña de Antonio Ramírez.

lunes, 2 de junio de 2014

EL ALMA DE GARDEL - Mario Levrero

Edición original en 1996. Reeditado por Mondadori Argentina en 2011.
119 páginas.


Mario levrero (Jorge Mario Varlotta Levrero 1940 -2004) es de esos escritores sudamericanos que por razones no muy claras ha sido publicado en España de una manera muy dispersa y desordenada. Hasta hace poco su obra era relativamente desconocida en nuestro país, pero a partir de la década pasada han ido cayendo ediciones de sus libros más importantes, tales como la póstuma La novela luminosa, El discurso vacío o la denominada Trilogía Involuntaria, formada ésta por las novelas La ciudad, El lugar y París. Aun así, pese a esta intermitente presencia en las librerías españolas, señal de que algo, por poco que sea, deben vender, sus libros pasan a veces por un proceso extraño, ya que Mondadori Argentina va publicando cosas inéditas o reeditando algunas de sus obras ya agotadas, pero su hermana española (u otras editoriales relacionadas con el mismo grupo empresarial) suele ir muy descompasada y tarda incluso años en sacarlos en nuestro país. Así ha ocurrido con esta novela corta que reseñamos aquí, El alma de Gardel, de la cual solo es posible encontrar por el momento algunos ejemplares llegados de importación o, si no hay más remedio, mediante la versión en ebook.

Me sería imposible catalogar a Levrero de una forma demasiado cerrada, pues este autor uruguayo desgranó a través de su obra una serie de "reencarnaciones" literarias que hacen que no podamos definirlo de una única manera. Aun así, es posible trazar una línea evolutiva que si bien no logra encorsetarlo en un género concreto al menos sí nos da una retrospectiva más o menos gráfica de sus movimientos. Así pues, existe un primer Levrero, el autor de relatos y novelas de corte experimental. Su campo es lo onírico, lo fantástico, lo absurdo, siempre dotado de una oscura atmósfera existencialista que lo emparenta con otros escritores como Kafka, E.T.A. Hoffman, Dino Buzzati y Horacio Quiroga sin hacer por ello una comparación estricta, por supuesto, ya que Levrero, al igual que los citados, construyeron un universo creativo muy propio. Asimismo, nos encontramos que Levrero fue también un escritor humorístico que hizo sátira del género negro (del que era un lector fanático incombustible) mediante novelas llenas de espíritu folletinesco y muy pasadas de rosca, con asesinatos, traiciones retorcidas, sexo aberrante y personajes melodramáticos y extraños. Un ejemplo de ello son las novelas La banda del ciempiés y Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo. Y por último, ya en su etapa final, nuestro escritor cultivó un estilo que más que autobiográfico podríamos definir como confesional, pues se trata de libros repletos de un auto análisis que no deja de lado nada, sin importar el grado de intimidad que eso signifique. De esta manera, en obras como El discurso vacío o la sencillamente genial La novela luminosa, nos habla sin pudor de su día a día, de sus deseos y frustraciones, de sus muchos miedos y debilidades, pero también compartiendo sus lúcidas reflexiones en torno a mil cosas diferentes, describiendo con un detallismo fabuloso pequeñeces que pasarían desapercibidas a cualquier otro y, sobretodo, señalando algunos fogonazos de eso que podríamos llamar la magia cotidiana, revelando con sus palabras una profundidad en lo real que trasciende la mera objetividad para llegar a la poeticidad más deslumbrante. Por ello no podríamos calificar esta etapa final de su obra como "realista" en el sentido estricto, ya que su medio de expresión es el subjetivismo llevado a un grado pocas veces visto, a tal punto que bajo su mirada entramos en una especie de fenomenología de la memoria, de la percepción, del lenguaje, del erotismo o de la simple y pura revisión de eso que a grandes rasgos llamamos realidad, siempre de una manera que pocos escritores han intentado.


En este contexto, El alma de Gardel es una rara avis en su trayectoria creativa, pues mezcla a partes iguales su primeriza tendencia experimental con su estilo autobiográfico más tardío. Así, nos encontramos que desde una propuesta inicial de corte fantástico, con extraterrestres incluidos, Levrero avanza por el libro a trompicones narrativos, mediantes recuerdos, situaciones a medio camino de la vigilia y el sueño, exhaustivas descripciones de objetos y hechos en apariencia anodinos, yendo y viniendo a través de una trama que nunca llega a estar definida del todo. Pero, que no se deduzca de ésto que el libro es confuso o difícil de seguir, todo lo contrario, por mucho que la historia quede relegada a poco más que un esbozo narrativo, eso no evita que podamos apreciarla por si misma: el cantante Carlos Gardel era en realidad una entidad extraterrestre llegada a la tierra con la misión de servir de avanzadilla a una invasión, sin embargo, traicionando a sus superiores éste decidió ayudar a la especie humana con sus poderes para hacerla evolucionar espiritualmente. Mientras tanto, otras entidades han ido llegando para contrarrestar la influencia de Gardel. El narrador, contactado por Gardel mediante la forma de una especie de fantasma, se encuentra de improviso implicado en esta guerra secreta. 

Pero, en todo caso, sea esta premisa atrayente o no, Levrero logra que sacrifiquemos nuestra natural necesidad de un hilo conductor haciendo que nos olvidemos de que estamos leyendo una ficción para centrar nuestra atención en los avatares de su narrador, él mismo, quedando patente que la trama fantástica no es más que una mera estrategia literaria para contarnos sus aventuras y desventuras personales. O quizás no sea así del todo, porque, como el propio Levrero nos indica, la memoria, la mentira y la literatura se hayan unidas de una forma indisoluble. Así que el resultado es un libro repleto de estratos y posibles lecturas: lo totalmente ficticio, lo totalmente biográfico, lo que ha sido alterado intencionadamente y aquello deformado por la memoria defectuosa o la acción encubierta del subconsciente, todo se mezcla en El alma de Gardel, a veces de forma totalmente abierta, permitiéndose su autor varias reflexiones en torno la veracidad o no de lo que estamos leyendo, ya sea a causa de  la falibilidad de la memoria o por el simple engaño que según él está implícito en todo texto autobiográfico o incluso histórico. Así que, con un tono a veces ácido, otra veces melancólico, otras abiertamente auto condescendiente, Levrero nos habla sobre situaciones cotidianas, como por ejemplo sus viajes en autobús o metro, lo que le sirve para detallar sus fobias sociales, sus fantasías sexuales u otros asuntos relacionados con la gente que se encuentra. También dedica muchas páginas a explorar recuerdos de algunas de las mujeres que han pasado por su vida, entrando incluso en algunos detalles de sus fisonomías, sus actitudes sexuales o el carácter sentimental de su relación.

Este caleidoscopio literario que resulta ser El alma de Gardel permite a su autor introducirnos en un estado muy especial de consciencia respecto a la escritura, pero también respecto a la propia experiencia de la realidad. Poniendo en evidencia la interacción entre el lenguaje, la memoria y la percepción, Levrero se sitúa en la tradición de escritores como James Ballard, William Burroughs o Philip K Dick, todos ellos empeñados en inseminar en sus lectores el virus de la duda y el cuestionamiento de los resortes de la identidad o de nuestra forma de percibir el mundo. En el caso del tercer citado, Dick, Levrero mantiene una relación directa con él, tal y como confiesa en algunos pasajes de su último libro publicado (póstumo, de hecho), La novela luminosa. Su admiración por Dick era grande y no es difícil rastrear su influencia en las partes más fantásticas de la novelita que reseñamos, pues todo eso de extraterrestres que contactan con humanos y comunican información de forma directa a sus cerebros, así como cierto halo gnóstico en cuanto a las batallas sobrenaturales por el control de la Tierra, nos retrotraen inevitablemente a novelas como Valis, La invasión secreta o Radio Libre Albemuth. Y, aunque Levrero no dedica muchas páginas a desarrollar esta parte del libro se agredece este tipo de tributos, puesto que siempre es grato encontrar corrientes de afinidad entre autores tan especiales. Sin embargo, como decíamos antes, esta parte más ficcional no logra ni de lejos prevalecer sobre el resto del libro y por lo que a mi respecta no veo que ambas tendencias (la fantástica y la no fantástica) se fusionen en ningún momento de la novela, casi podría decirse que Levrero cogió dos textos totalmente diferentes y los entrecruzó en dos tramas paralelas, salvo por un final sorpresivo y francamente alucinatorio donde termina por unirse todo.

En suma, no puedo más que recomendar este libro de Mario Levrero, como igualmente hago con la práctica totalidad de su obra. En breve reseñaré también Irrupciones, una recopilación de sus colaboraciones periodísticas que según he leído por ahí contienen algunas de sus mejores piezas. Queda por señalar e insistir en la necesidad de que se edite en España no solo esta novela, sino también otras como Diario de un canalla o Fauna / Desplazamientos y sobretodo una buena recopilación de sus mejores (o todos juntos, porque no) relatos cortos. Esperemos que no tardemos mucho tiempo en verlo.

Reseña de Antonio Ramírez


domingo, 6 de abril de 2014

EL PEQUEÑO SALVAJE - T. C. Boyle


Edición original en inglés en 2010
Publicado en castellano por Impedimenta en 2012.
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas.
122 páginas.


Sinopsis:

A finales del siglo XVIII es encontrado un niño en un bosque de la zona de L'Aveyron (Francia). Su estado es similar al de los animales y pronto se convierte en un caso célebre en toda Francia. Tras pasar por varias instituciones su cuidado recae en Jean Itard, un joven médico empeñado a devolver a Victor (así decide llamar al niño) al seno de la sociedad humana.

Comentario del libro:

Con este libro nos adentramos en un mito muy recurrente de la edad moderna: el del niño criado al margen de cualquier tipo de civilización. Con antecedentes clásicos como Rómulo o Remo, los tradicionales fundadores de Roma que según la leyenda fueron amamantados por una loba; posteriormente, ya en la época de la Ilustración, el mito se desarrolló a través de la teoría del "buen salvaje" de Jean-Jacques Rousseau (en contraposición a las ideas mucho más pesimistas en torno a la humanidad de Thomas Hobbes); llegando así hasta el siglo XIX y comienzos del XX a través de ficciones de enorme calado en la cultura popular. Así, desde Mowgli, el protagonista de El libro de la selva de Kipling y aun más con Tarzán de los monos, el célebre personaje creado por Edgar Rice Burroughs, la sociedad moderna ha sentido evidente fascinación ante la idea de un ser humano liberado de todas las convenciones, tabúes y reglas establecidas por la cultura a lo largo de los siglos. Más allá de una mera posición etnocentrista (empeñada en demostrar la supuesta superioridad de la civilización occidental en comparación de aquellas que durante tanto tiempo han sido consideradas como primitivas) estas invenciones rebelan una especie de deseo oculto en el centro del mundo contemporáneo: el surgimiento de un ser humano libre de cualquier tipo de condicionantes morales y culturales, el antagonista absoluto de una sociedad de individuos domesticados y faltos de verdadera vitalidad.
No obstante, en el caso de El pequeño salvaje estamos ante una historia verdadera que no se adapta al romanticismo o la transgresión que rodea a este tipo de ficción, siendo uno de los pocos casos reales de un niño criado en el bosque y sin contacto con otros seres humanos. Aunque a la larga haya sido cuestionado desde muchos puntos de vista, este hecho, ocurrido entre los siglos XVIII y XIX y documentado por los diarios del médico y pedagogo Jean Itard, ha servido de inspiración para infinidad de estudios científicos, así como para la famosísima película de  François Truffaut.
Está claro que Boyle toma como punto de partida la película de Truffaut, de hecho es muy difícil leer esta novela sin tener sus imágenes en la cabeza, por lo tanto es más que aconsejable tomar el libro sin tener fresco su visionado. Pero, en todo caso, ahí donde Truffaut opta por la delicadeza o la poeticidad, Boyle prefiere ser mucho más directo y descarnado, dejando a un lado cualquier señal de sensiblería y asumiendo la narración (muy breve y concisa) casi como un texto estrictamente documental e incluso periodístico. Y aun así, habría que señalar la exquisitez de su prosa, su riqueza expresiva y un cierto aire socarrón que sabe impregnar a la trama y que sin llegar directamente al humor sitúa al lector en el límite de lo irónico, sobretodo en lo que respecta a los personajes que rodean a Víctor, ese niño salvaje que de la noche a la mañana vio cambiar el bosque y los cielos abiertos por los muros de las diferentes instituciones que pretendían estudiarlo o corregirlo.
Es inevitable comparar la historia de Víctor con la de otro niño salvaje famoso, muy cercano en el tiempo además: Gaspar Hauser. A diferencia del protagonista de El pequeño salvaje, Hauser estuvo mantenido en total aislamiento desde su más tierna infancia hasta el momento de su misteriosa liberación, pero disfrutó de un mínimo de contacto humano con quien le proveía de alimentos durante su encierro, quien presumiblemente le enseño algunas cosas, como por ejemplo andar. Pronto se demostró que sus limitaciones físicas y psíquicas eran superables con una paciente labor de aprendizaje, hasta el punto de aprender a hablar, escribir, tocar el piano y relacionarse perfectamente en sociedad. Contrariamente, en el caso de Víctor este aprendizaje se rebeló como una tarea prácticamente imposible. Esta circunstancia ha servido para especular sobre si el niño, además de criarse sin contacto humano, podría haber sufrido algún tipo de discapacidad. Es decir, que al margen de haberse saltado las primeras fases de aprendizaje en compañía de sus congéneres, lo cual complicaría mucho el desarrollo normal del habla, de los sentidos o de las habilidades motrices elementales y tan interdependientes de un adecuado desarrollo tanto neurológico como afectivo y psicológico, era muy posible que sufriera algún tipo de defecto cerebral congénito, lo cual quedaría patente en las enormes dificultades que Víctor tuvo durante toda su vida para dominar habilidades fáciles para un niño de corta edad. En todo caso, esta incapacidad fue un motivo de desánimo constante para sus cuidadores, los cuales, unos detrás de otros, intentaron demostrar sin éxito que Víctor era proclive a ser insertado de nuevo en la sociedad. El más tenaz, con diferencia, fue el joven medico y pedagogo Jean Itard, especialista en sordomudos, cuya tozudez por ayudar a Víctor a manejarse en el lenguaje rudimental le supuso sacrificar muchos años de su carrera. Boyle retrata a Itard como un científico ambicioso y deseoso de popularidad entre sus colegas y la buena sociedad, que ve en Víctor (cuyo caso se había hecho muy conocido en toda Francia) una oportunidad única para ascender profesional y socialmente. Aun así, tampoco procura mostrar a Itard como un científico falto de escrúpulos o sensibilidad para con su pupilo, pero sí deja claro como su frustración por lograr resultados importantes, asumiéndolo como un fracaso profesional, le suele llevar al borde del maltrato. 




En contraposición al punto de vista civilizado de sus cuidadores están los breves apuntes subjetivos desde la perspectiva del propio Víctor. Estos pasajes, que me aventuraría a definir como los más interesantes del libro, nos muestran un ser absolutamente elemental, únicamente movido por impulsos primarios como el hambre, el frío o el miedo. A medida que su aprendizaje entre otras personas avanza a duras penas, su perspectiva se va ampliando algo, pero nunca demasiado. Por ello es interesante señalar el hincapié que Boyle hace en algunos aspectos de la evolución de Víctor y que en otras versiones anteriores de esta historia son meramente insinuados o directamente ocultados, es el caso de la entrada en la pubertad y el surgimiento de la plena sexualidad, que el muchacho vive con confusión, pero también con una deshinibición que repugna y escandaliza a los que le rodean (recordemos que la historia transcurre a comienzos del siglo XIX). La frustración de sus educadores, la preocupación por no lograr encajarlo en las reglas establecidas o la más elemental capacidad de comunicación contrasta con la desmoralizante impasividad de Víctor, el cual es capaz de sumirse en la más total inactividad si encuentra sus necesidades más primarias cubiertas. Sin embargo, si bien su felicidad parece fácil de conseguirse, no podemos dejar de sentir una tristeza incalificable al ver a otro ser humano reducido a un nivel tan sumamente falto de matices (o quizás sea que no lleguemos a comprender como es posible vivir de esa manera).
En suma, se trata de una novela libre de toda la paja melodramática posible, pero que pese a su brevedad suscita varias preguntas interesantes: ¿Qué nos hace ser seres humanos? ¿Hasta que punto dependemos de los demás para desarrollarnos plenamente? Nos lleva a reflexionar que no somos nada sin esa esfera tan personal como colectiva que trasciende la carne y que está formada por estructuras complejas como son el lenguaje y nuestra capacidad de conocimiento e interpretación del mundo (no solo científico, también analógico, intuitivo, ético, imaginario, etc), las cuales han terminado por mantenerse y asentarse intersubjetivamente de una manera casi tan autónoma que escapa a todos los intentos de reducionismo. Víctor es un ejemplo de que hemos evolucionado para ser seres poliédricos, productores a la vez que dependientes de una intrincada red de significados retroalimentados por la experiencia colectiva y cotidiana, por las emociones, por lo simbólico, por el cuestionamiento ético y moral, por lo histórico y social, todos ellos aspectos imprescindibles para llegar a desarrollar unas capacidades intrínsecas del ser humano que si bien parecen venir "de serie" no son nada por si mismas.

Reseña de Antonio Ramírez.